El amante de menta le miente a su mente, creyéndose único.
Sintiéndose cerca.
El amante de menta saborea las mentiras como azúcar en la boca, como una paleta.
El amante de menta no quiere abrir los pesados ojos.
No quiere darse cuenta, que en este cuento; ese que él llama vida; el amante de menta es el que menos cuenta.
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Y la amante de menta, ¿Fermenta?
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