sábado, 13 de junio de 2009

Distancia

Es desesperante no tener una pluma a la mano para escribir cuando tienes muchas ganas de hacerlo. Es como querer contarle algo a un amigo, y este amigo no aparece por ningún lado.
Eso pensaba Rosa mientras leía un cuento y meditaba acerca del amor, al amistad, todas esas cosas intangibles pero que le dan la vuelta en la cabeza a todas las personas que han existido. Como él. Esos temas siempre son el centro de atención de cada película, libro, palabra.
Él sigue siendo una idea, sólo eso...
¡Y las ideas no se tocan!, piensa Rosa mientras mira através de la ventana que queda en sus pies; oscura, con el reflejo del foco de su habitación en el cielo azul marino del vidrio.
Pero las estrellas existen, y tampoco se tocan, se dijo a si misma.
El corazón se le sale del pecho cuando por su mente pasan esas imágenes de aquel día en que tocó las estrellas, esas que parecen tan lejanas.
La piel se le enchina cuando siente su piel en la de ella, tibia, aterciopelada, perfumada de nostalgia.
El escalofrío se corre junto con los dedos que marcan el camino de las manos masculinas dibujando el contorno de su espalda, de su vientre... en su cara el aliento hirviente de sus labios, la lija de su barba raspándole el cuello.
Abre los ojos, sacude la cabeza, vuelve a ver el triste reflejo frente a ella.
Los sueños a veces son la realidad de los cobardes. Se dice a si misma y continúa leyendo ese cuento que la hizo tomar una pluma y un papel.

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